Crecen silvestres las ideas,
que frías se disuelven
en un sinfín de palabras
que se funden en tus labios.
Corren apáticos los rayos,
cual tiempo quedado
en reloj de arena,
escapado de tus ojos.
Persignadas las escorias
volutas de tu inferno,
esclavas del futuro
gravado en tus manos.
Cae el árbol,
musical y tamborilesco,
fluye y genera
un mundo de ritmos.
Turbias las aguas
que con inefable empeño,
cae abrupta
tal así fue dicho.
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